Mi Palabra Vale

"Mi palabra vale" es un proyecto de la asignatura Lengua y Literatura de Sexto Año. Nuestros estudiantes redactan textos de opinión de temática libre observando la estructura y las estrategias propias de la argumentación y eligen aquellos que finalmente serán difundidos.

Sin tacto, como una lija (Paulina Magariños - 6°A)

"Si vos tenés problemas, ¡qué me queda a mí!" me dijo mi vieja cuando me animé a contarle algo que me causaba dolor hace tiempo. Abrirme con mis padres pasó a segundo plano, porque ellos minimizaron mis problemas.

Esto es algo que comúnmente le pasa a los adolescentes, el no contarle sus problemas a sus padres para no llevarse un reto o simplemente sentirte menos, es irónico, ¿acaso tus padres no son “tus mejores amigos”?.
Primero, debo explicar que el trastorno narcisista de la personalidad (NPD) se malinterpreta cuando se aplica a alguien que simplemente es jactancioso, arrogante y quiere que todo se trate sobre sí mismo. Si bien estos rasgos son molestos y no es divertido estar cerca de alguien así, el narcisismo es un trastorno más profundo y destructivo que tiene efectos devastadores en las personas que tienen una relación con el individuo. Es un trastorno difícil de tratar; algunos creen que es intratable. Las piedras angulares (los cimientos) del trastorno son la falta de empatía y la incapacidad para sintonizar con el mundo emocional de los demás. Muchos padres piensan que siendo así, forman a un hijo o hija "mucho más fuerte”, algunos simplemente lo hacen inconscientemente porque siguen algún proceso por el cual ellos mismos pasaron. A esto lo podemos llevar a la vida diaria, el narcisismo de los padres conduce a que sólo sean importantes sus problemas y los de sus hijos no, total ellos son pequeños, no vivieron lo suficiente para tener un verdadero problema, ¿acaso ellos no fueron adolescentes? ¿no tuvieron problemas?.
Conversando con mis amigas y planteando este tema, noté que a ellas les pasaba lo mismo, el no tener con quien hablar y querer recurrir a una persona que siempre debería aconsejarte, acompañarte, te desilusiona. Esto trae consigo una serie de enfermedades, destacando la ansiedad como una de ellas. Un estudio del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) indica que el 2022 fue el año más adverso en materia de salud mental a nivel nacional desde el 2010, la última medición destaca, por marcar el valor más alto de la serie: 25,4%. También, puede manifestarse la bulimia, los ataques de pánico, la falta de hambre y sueño, el estrés, los problemas de autoestima, entre muchas otras complicaciones.
El hacer menos los problemas de los hijos crea una desconfianza total, al punto en que se empiezan a negar los problemas, como por ejemplo: “no me pasa nada ma”; “tengo los ojos rojos por alergia nada más”; “no tengo hambre, comí con mi amiga”. Creo que no hace falta aclarar que esto no es lo que parece ser.
A veces, se usa un método para no fastidiar a los progenitores con “nuestros problemas sin sentido”, preferimos ir a un psicólogo el cual escucha sin juzgar; pero cuando se lo comentamos nos dicen: “¿te pasa algo?”, “¿sabes que podés contarme lo que sea? yo siempre te voy a escuchar”, “¿que problema podés llegar a tener vos?”.
No es cierto que en todas las familias pase esto, desde mi punto de vista creo que con el paso de los años va disminuyendo, gracias a que los hijos se animan a hacerle frente a sus padres y a decirles que no están pasando un buen momento.
Con la llegada de las redes sociales se está concientizando mucho más sobre este tema, gracias a la gran difusión que tienen entre los adultos y a la psicología que los medios ejercen en ellos. Aunque debemos detenernos unos segundos a pensar, si nosotros tenemos el problema, o el problema son nuestros padres.

 

 | Escuela Dr. Dalmacio Vélez Sársfield
Diseño por CardinalDev