Mi Palabra Vale

"Mi palabra vale" es un proyecto de la asignatura Lengua y Literatura de Sexto Año. Nuestros estudiantes redactan textos de opinión de temática libre observando la estructura y las estrategias propias de la argumentación y eligen aquellos que finalmente serán difundidos.

La diversidad de luces (Julieta Bizone - 6°U)

La risa, ese don humano que nos une y nos hace sentir más cercanos, puede a veces convertirse en una afilada espada que divide y lastima.

En este mundo diverso, donde se supone que las diferencias deberían enriquecernos, es lamentablemente común observar escenas en las que algunas personas, impulsadas por su propia inseguridad y maldad, disfrutan de señalar y burlarse de aquellos que no se ajustan a su estrecho molde de "normalidad”, molde que la sociedad construyó. Esta cruel afición, obsesión, gusto o pasatiempo, de ridiculizar a quienes no son como uno mismo, pone en duda no sólo la empatía y la tolerancia en la actual sociedad, sino también la fragilidad de la autoestima presente en cada persona, que la lleva a menospreciar a otros para sentirse superior.
Esos momentos en los que, con el corazón ligero y el espíritu lleno de alegría, nos arriesgamos a realizar algo que disfrutamos. Ya sea bailando al ritmo de una canción, usando una vestimenta que expresa lo que somos o compartiendo una apasionada charla con amistades. En esos instantes de libertad, nos encontramos expuestos a las miradas de quienes se encuentran incómodos con nuestra espontaneidad, y escogen la burla como su mejor respuesta.
Recuerdo una tarde en una plaza de Córdoba, donde un joven melómano tocaba su guitarra con pasión. Sus dedos danzaban sobre las cuerdas, componiendo una melodía que parecía crear viento y elevar las hojas caídas. Sin embargo, mi admiración se vio opacada por un grupo de personas que, en lugar de apreciar su talento, soltaron risas crueles y comentarios despectivos hacia el músico. ¿Por qué este acto de expresión personal y creatividad se convirtió en una puerta abierta para el menosprecio?
¿Cómo es posible que en un mundo lleno de colores y variantes, algunos se atrevan a despreciar lo que no comprenden? La causa puede surgir en la necesidad humana de sentirse superior, de fortalecer su propia identidad subestimando la de los demás. Alguna vez leí que "La burla es a menudo un intento torpe de construir puentes entre los senderos de la inseguridad personal".
Las consecuencias de esta toxicidad son devastadoras; las almas que alguna vez fueron luminosas y llenas de vitalidad se apagan con el tiempo. Las personas comienzan a limitar, o hasta restringir, sus propias expresiones y a apegarse a las normas para evitar caer en el punto de mira de los “opresores".
Es como si al encontrar a alguien que desafía las normas establecidas, algunas personas sintieran la necesidad imperiosa de señalar y ridiculizar en un intento de reafirmar su propia conformidad. Es irónico y trágico que en un mundo donde se lucha constantemente por la individualidad, las diferencias a menudo sean castigadas en lugar de ser celebradas.
El célebre autor Oscar Wilde advirtió en su época sobre los peligros de "ser uno mismo en un mundo que constantemente trata de hacernos algo más". En una sociedad que promueve la autenticidad pero aún mira prejuiciosamente a quienes se atreven a abrazarla plenamente, sus palabras resuenan con más fuerza que nunca. Nuestras debilidades más profundas, como el miedo al rechazo, o a la soledad y la incapacidad de aceptar lo desconocido, se revelan al burlarse de aquellos que se atreven a ser auténticos.
¿No deberíamos observar y tomar como ejemplo la diversidad de la naturaleza? Cada hoja, flor, animal, estrella, contribuye a la belleza del conjunto sin necesidad de ser idénticos. En el universo, cada estrella brilla con luz propia, contribuyendo al magnífico cosmos sin importar su tamaño o brillo. De manera similar, cada persona debería ser vista como un destello único en nuestra constelación, aportando su propia luz a la sociedad.
La burla surge de una falta de comprensión y de aceptación de la diversidad que enriquece nuestra existencia. Como personas, deberíamos concientizar e indagar más sobre el tema, grupalmente e individualmente, para saber el porqué de la acción, para poder desarrollar una empatía que nos permita ver más allá de las diferencias superficiales.
Aceptar la diversidad requiere un esfuerzo enorme, debido a que, para ello, es necesario mirar más allá de las apariencias y descubrir el destello de cada persona; sólo así podremos mitigar las llamas de la burla y permitir que todos vivan su vida sin tener que cambiar para encajar en el molde que la sociedad construyó.

 

 | Escuela Dr. Dalmacio Vélez Sársfield
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