Mi Palabra Vale

"Mi palabra vale" es un proyecto de la asignatura Lengua y Literatura de Sexto Año. Nuestros estudiantes redactan textos de opinión de temática libre observando la estructura y las estrategias propias de la argumentación y eligen aquellos que finalmente serán difundidos.

El esfuerzo, ¿vale? (Jazmín Prato - 6°U)

No es un delirio pensar que el Sistema Educativo está directamente influenciado por la tendencia política de turno. Es común escuchar en reuniones familiares ciertas frases que todos conocemos: "¡los chicos de hoy en día se egresan sin estudiar! ", o también "a los estudiantes se les exige cada vez menos".

"La educación nos va a salvar como país", fue un comentario que llamó mi atención recientemente, sostenido como la llave a la libertad y la solución más probable, en tiempos incógnitos, donde todo vale y a la vez es susceptible.
Desde que tengo memoria, he escuchado apologías a la famosa "cultura de la vagancia", donde la ley del menor esfuerzo fecunda en los rincones de la sociedad argentina, tiñendo de inalcanzable y utópico el prestigio del esfuerzo y la disciplina.
Hace un tiempo, presencié una discusión bastante común en las reuniones familiares. Se criticaba el Sistema Educativo y la lógica de "si me esfuerzo tengo más probabilidades de mejorar", contrastando con el actual "todos pasan de grado, no se puede repetir de curso". Estas diferencias hacen todavía más transparente el contexto político que avala esta desacreditación del mérito. El esfuerzo que es invertido en la educación por los miembros de las instituciones educativas, tampoco es muy alentador. De esta manera, es posible asentir que la ideología de turno en la pirámide política de la sociedad y su organización interviene en el comportamiento de los estudiantes. Hace caer la balanza hacia la predominancia de ciertos factores culturales que operan en el incentivo de la gente, ya sea incitando o inhibiendo.
El verdadero cuestionamiento que surge de las opiniones contradictorias entre los argentinos, proviene de la aspiración a un futuro prometedor: ¿es posible salir adelante en un país donde el mérito no es válido y nuestros logros son producto de una coincidencia?, ¿se está respaldando el derecho a la educación realmente?
En términos de educación, la meritocracia se da a entender como la idea de que los individuos puedan alcanzar una movilidad ascendente a partir del mérito natural, a través de su talento y esfuerzo propio. Si bien el poder adquisitivo junto con el estatus social pueden ser utilizados para adquirir beneficios, tanto académicos como comunes en la vida cotidiana, no quiere decir que aquellos que no cuentan con esta bonificación no sean capaces de tener éxito en la vida.
La contradicción con el pensamiento de la realidad argentina se dibuja en todos los niveles escolares. Lo que vale es pasar de curso y aprobar, total "entre más burros seamos, ¡mejor! ". Pero esto esconde un propósito aún más cobarde y oscuro: el control y la manipulación de las grandes masas poblacionales es cada vez más evidente.
La crisis económica, la mala gestión política y la deficiente educación de los dirigentes que elegimos son producto de una crisis social generalizada, en la cual la educación como autoridad es reprimida por la ambición descontrolada de los ciudadanos al llegar al poder. ¿Por qué buscamos la solución cada cuatro años en las elecciones presidenciales?, ¿cómo pretendemos que los electos resuelvan estos problemas, si ellos pertenecen y son precursores de la cultura del menor esfuerzo?
Como resultado de esto, la promesa de "afianzar la educación de los argentinos" se vuelve un discurso cada vez más insistente por las fuerzas políticas predominantes, pero éste se disuelve al observar la realidad en los ojos de un estudiante, de un padre que se preocupa por la educación de su familia, de un profesor que inunda sus pensamientos de preocupación y nostalgia.
La falta de inversión en la educación deriva en la idea de "falsa libertad" de la vida adulta promedio en las últimas décadas. Al lanzarse como ciudadano, teniendo en cuenta las pocas herramientas intelectuales brindadas y aprovechadas, los mismos tendrán un acceso restringido a otras oportunidades de vida y progreso. Las mismas son condicionadas inevitablemente por la adquisición de conocimientos específicos, o quizás básicos, pero poco afianzados. Esto lo podemos vivir todos los días al caminar por la calle y observar cada vez más personas en situación de calle, desocupadas o peor aún, precarizadas laboralmente. Es una consecuencia directa de la falta de conocimiento intelectual y de los derechos que nos protegen como ciudadanos.
La eterna marginalidad de algunas clases sociales va de la mano de esta pobreza intelectual y es consecuente con la poca motivación e insistencia por un Sistema que debería estar presente.
Como sociedad argentina, siendo todos partícipes de las decisiones y las novedades en nuestro país, nos encontramos en una situación política y económica volátil e inestable. A raíz de esto, se protagonizan y presencian actos de demanda sobre el estado de la realidad en la que vivimos. La única manera de que estas demandas sean correspondidas realmente es por medio de la educación, cuando ésta sea sustancialmente profunda en la solución. En una sociedad donde el mérito no existe, o no es validado, sus miembros serán eternamente clientes del sistema, un arma que no se ve, pero incide directamente en la forma de pensar y de actuar como grupo.

 

 | Escuela Dr. Dalmacio Vélez Sársfield
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